Democracia, Alternancia, Rotondas y Semáforos
Se me ha ocurrido una analogía entre determinadas prácticas políticas y formas de regular el tráfico.
La democracia, tal como comúmente se concibe, favorece el criterio más respaldado por la mayoría. Eso da lugar, como es sabido, a lo que se denomina como dictadura de la mayoría. Este hecho es algo característico y me da la impresión de que se considera valioso.
Por otra parte, en ocasiones la democracia se pone en práctica de forma que el poder se va alternando de una forma más o menos periódica entre (por lo general) dos partidos, los cuales "representan" (dicen representar) la voluntad y el criterio de amplios porcentajes de la población.
Dejando a un lado si de hecho se representa a nadie, y si dichos representantes actúan realmente como portavoces de los que dicen representar, se podría hacer un paralelismo, y pensar en la alternancia como un semáforo, que regula a quién se le permite pasar durante un período de tiempo en detrimento del resto. Ese sistema es bastante fácil de entender, dado que no es muy sofisticado: se reparte el derecho de uso en franjas temporales.
Hay que tener en cuenta, por otro lado, que los sistemas que regulan el acceso a un recurso limitado se pueden analizar usando una rama matemática denominada teoría de colas. Aprovecho para dejar caer que no está de más la aplicación del conocimiento científico a las disciplinas sociales, en la medida que se pueda, y no ceder ante la subjetividad generalizada bajo el argumento de que no hueco para la objetividad en las ciencias humanas.
Imaginémonos por otro lado lo que sucede en una rotonda. A priori, es un modelo "liberal", en el sentido de carecer de elemento regulador: el que llega antes y puede, gana. Comparado con el semáforo, funciona bastante bien. Es más eficiente, ya que garantiza que el recurso sólo está desocupado si no hay usuarios que lo demanden. Un semáforo hace esperar incluso si no hay nadie haciendo uso de la vía.
En términos democráticos, la mejora conseguida por un sistema basado en rotondas en lugar de semáforos encaja bastante con la idea de una democracia más "pura" (más representativa que parlamentaria), en la cual no hay que esperar 4 años (o los que acordados) para que tus ideas se vean reflejadas en el criterio de la clase dirigente.
Sin embargo, la rotonda, y por ende la analogía democrática, tiene un punto débil: margina a las minorías. Si la mayoría de vehículos que accede a una rotonda va en la misma dirección, el resto de las rutas que se vean entorpecidas lo tienen crudo. Es fácil ver ejemplos cada día: la rotonda no garantiza un acceso en un tiempo finito al recurso a nadie. La corriente dominante favorece el uso de la rotonda a quienes van en esa dirección. Llega un momento de saturación en el que sólo pueden acceder a la rotonda quienes vayan en una dirección que no entorpezca dicha corriente.
La pregunta es: ¿Las minorías importan?

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